'Doppelgänger', 2014.

En mi pintura, hablo de un concepto que aflora en la literatura hacia finales del siglo XVIII: el mito del otro. También conocido en la literatura alemana como doppelgänger (una palabra compuesta por "doble" y "andante"), este concepto implica una dualidad del yo que se duplica en la figura de un segundo yo o se divide en dos opuestos. Parte de la suposición de que todos tenemos un doppelgänger que compite con el yo que creemos conocer y que se impone a este, convirtiéndonos en extraños para nosotros mismos. Edgar Allan Poe, Robert Louis Stevenson, Fiódor Dostoyevski o Guy de Maupassant, entre otros, han fantaseado sobre ese mito desde la literatura. Pero es un tema estudiado también en la ciencia y la psicología desde que Freud comienza a identificar el yo y el doble con el consciente y el subconsciente. En la actualidad, el físico francés Jean-Pierre Garnier Malet ha desarrollado la Teoría del Desdoblamiento, según la cual todo cuerpo tiene un doble, con el que es posible un intercambio de información mediante aperturas imperceptibles entre el tiempo. Afirma que un cuerpo vive en dos tiempos a la vez.

 

Ese doble inquietante se encuentra implícito en todo lo seguro y confortador. Comencé a trabajar con imágenes de fotogramas, en la serie Motion Pictures, porque quería utilizar como referentes imágenes icónicas apropiadas de otros. Quería distanciarme emocionalmente del sujeto y utilizar imágenes de la gran pantalla y el mundo del espectáculo, cuyos protagonistas son vistos como arquetipos, personajes identificables para el espectador como un santo por su iconografía.

 

Sus rostros aparecen descontextualizados sobre fondos vacíos, junto a su doppelgänger, que es desfigurado o desdibujado utilizando diferentes estrategias. En ocasiones, la presencia de la simetría es suficiente para sugerir la idea del doble y generar una imagen especular; otras veces, el personaje se desdobla en otro distinto, que también es su doppelgänger, como se explica en el argumento de la historia que narra el fotograma elegido.

 

En Anamorfos, introduzco la anamorfosis como elemento deformador, reivindicando la tridimensionalidad, pero sin devolver al cuadro su primitiva condición de ventana, sino convirtiéndolo en un objeto que, como una escultura, debe observarse desde más de un punto de vista que no es únicamente frontal, esto es, desde el margen del cuadro, donde el reflejo del personaje protagonista pierde su deformación y es legible. Incluyo, con ello, el espacio en torno al cuadro, el espacio necesario para que tenga lugar el desplazamiento del espectador. El cuadro deja de ser únicamente una superficie de dos dimensiones, al incorporar un área externa a él que implica la tercera dimensión. 

 

En Doppelgänger, he retratado a algunos de los grandes escritores, mencionados anteriormente, que han escrito sobre la idea del doble y creado un imaginario que aún hoy llega hasta nosotros, renovado y revisitado, como pretendo hacer yo misma. He limitado al mínimo lo inmediatamente reconocible, dejando casi solo la anamorfosis, cubriendo y descubriendo, haciendo que los cuadros solo funcionen en principio como grandes abstracciones en las que algo, que no sabes que es, te dice que hay gato encerrado. El resultado es una imagen desfigurada, un retrato deformado que adquiere autonomía como nueva entidad, un superego del yo y el doble; un tercer desdoblamiento. 

 

El marco oval evoca tiempos pasados, pero el contraste de color inquieta y transporta la imagen al contexto contemporáneo. El interior del óvalo, con su fondo, está realizado con un pigmento reflectante que recuerda al espejo y sugiere la idea de devolver al espectador su propia imagen, incluyéndola en la composición, pues, en definitiva, si el arte se mira en la naturaleza, es sólo para que los espectadores puedan mirarse en las obras.


In my work, I deal with a concept that flourished in literature at the end of XVIIIth century: the other. Also know in German literature as the doppelgänger, this idea involves a duality of the self which is either duplicated in the figure of an identical second self or divided into polar opposite selves. We all have a doppelgänger that competes with the self we are aware of and overlaps with it, turning us into strangers to ourselves. Edgar Allan Poe, Robert Louis Stevenson, Fiódor Dostoyevski and Guy de Maupassant, among others, have exposed that myth in literature. But it has also been investigated in science and psychology since Freud began to identify the self and its double with the conscious and the subconscious. Recently, French physicist Jean-Pierre Garnier Malet has developed the Doubling Theory. According to it, each body has a double with which it is possible to communicate through imperceptible holes in time. He believes that each body lives in two times at the same time.

 

The uncanny double lies beneath everything that we understand as safe and comforting. I started working with film stills because I wanted to take as models iconic images that I had to appropriate from others. Thus, I wanted to emotionally separate myself from the subject and use images from the big screen and show world, sometimes seen as archetypes, characters that the viewer could easily identify by their features in the same way that we can recognize a saint by their iconography.

 

Their faces are decontextualized and set on an empty background, beside their doppelgänger, which is disfigured and distorted in several ways. Sometimes, only symmetry suggests the idea of the double and creates a specular image.

 

I use anamorphosis to introduce the third dimension in the painting, not by regarding it as a window to look through, but as an object that, like a sculpture, must be viewed from several points of view. When you look at my paintings from the edge, the doppelgänger is not seen to be distorted anymore and becomes understandable. In doing so, I am including the space around the painting, the space where the viewer stands and wanders to explore the work. A painting is not a two-dimensional surface anymore, as I have included an area outside of it that involves the third dimension.

 

In my series Doppelgänger, I portray the above mentioned writers and philosophers, that wrote about this subject and created a collective imagination that still comes to us, renewed and revisited. Here, I have almost suppresed everything that is recognizable and instead I show only an anamorphosis, hiding and unveiling, as if playing hide and seek. The painting becomes an abstraction with an unsettling element, which we cannot clearly distinguish, indicating to us there is something fishy going on there. The result is a disfigured image, a distorted portrait that acquires autonomy as a new being, a superego of the self and the doppelgänger.

 

The oval frame recalls past ages, but the bright colours I use are still shocking and bring the image to a contemporary context. The background inside the oval is covered in a reflective pigment that mimics a mirror and implies the idea of giving their reflection back to the viewers, and including them into the painting. Whenever art mirrors nature it is in order for the artworks to be mirrors for the viewer.