'Introspectiva', 2016-2017.

Introspectiva es un autorretrato fragmentado en un conjunto de cuadros en los que me incluyo como única protagonista de las escenas cuyas poses recreo y acompaño de un contexto orgánico. El contexto son mis propias vísceras, alteradas para oponer su belleza convulsa al desnudo clásico, que palpita, intentando sobresalir entre los tejidos orgánicos, los que normalmente no se ven y que se repudian por su fealdad. Ambos conceptos, el desnudo y las vísceras, se acoplan con precisión de cirujano en un engranaje que forma un todo.

 

En Introspectiva, la idea canónica de belleza se invierte. Es la consecuencia de llevar a su máximo grado de tensión la oposición, de raíz barroca, entre el desmembramiento del cuerpo y la opulencia y la gloria de la belleza carnal. El choque entre esos opuestos está muy presente aquí también. Y qué confluencia entre la plasticidad de la pintura y la carne.

 

El cuerpo es gris e inerte y su interior palpita y lo engulle. El uso de la anamorfosis me ayuda a relegar a un segundo plano la frialdad del cuerpo, de superficie satinada y liviana, como la tela sobre la que trabajo, de urdimbre finísima, que me permite la nitidez dibujística necesaria para realizar a pulso la anamorfosis con la mayor precisión posible. También me permite dejar visible toda huella del pincel cuando la materia pictórica se convierte en el territorio de la víscera, que adquiere una nueva vibración. Otro juego ilusionista. Hay ficción de carga matérica donde en realidad no hay materia.

 

La anamorfosis le otorga una lectura más detenida a la obra, espacial, donde el cuerpo deformado en la lectura frontal del cuadro se recompone cuando se observa desde el margen. Reaparece ese mismo cuerpo gris pero ya vivo, emergiendo desde la superficie bidimensional.